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Tot el que no vaig dir va fer arrels. Una cartografia de memòria sota la pell

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Tot el que no vaig dir va fer arrels. Una cartografia de memòria sota la pell

Quantes vegades ens hem assegut en una cadira sense mirar-la? Les cadires sostenen cossos, però també sostenen converses, absències, records, desgasts i silencis. Amb el temps acumulen rastres de vida. Es trenquen, es reparen, envelleixen. Com nosaltres. Tot el que no vaig dir va fer arrels és una instal·lació artística desenvolupada en el marc del Treball Final de Grau d’Arts de la UOC que explora la relació entre cos, memòria, vulnerabilitat i reparació a través de vint-i-sis cadires intervingudes. El…
Quantes vegades ens hem assegut en una cadira sense mirar-la? Les cadires sostenen cossos, però també sostenen converses, absències,…

Quantes vegades ens hem assegut en una cadira sense mirar-la?

Les cadires sostenen cossos, però també sostenen converses, absències, records, desgasts i silencis. Amb el temps acumulen rastres de vida. Es trenquen, es reparen, envelleixen. Com nosaltres.

Tot el que no vaig dir va fer arrels és una instal·lació artística desenvolupada en el marc del Treball Final de Grau d’Arts de la UOC que explora la relació entre cos, memòria, vulnerabilitat i reparació a través de vint-i-sis cadires intervingudes.

El projecte parteix d’una idea senzilla: si el cos és un arxiu de les experiències viscudes, potser els objectes que ens acompanyen també ho són.

A la Sala Aranyó de la Universitat Pompeu Fabra, vint-i-cinc cadires transformades mitjançant tèxtils, guix, ciment, branques, fils i objectes trobats dialoguen amb un piano de cua i amb una vint-i-sisena cadira situada simbòlicament a la Sala de Reflexió d’Antoni Tàpies. Cada peça conserva la memòria del seu ús anterior i incorpora noves capes de significat a través de la intervenció artística.

La proposta es construeix a partir de referents com Georges Perec i la seva reivindicació de l’infraordinari, Joseph Beuys i la reparació simbòlica, o Louis Bourgeois  a través de memòria emocional i els traumes personals. També dialoga amb pràctiques vinculades a la memòria, el cos i la participació, convertint l’espai expositiu en un lloc de trobada, observació i escolta.

Durant l’activació, la pianista Lluïsa Espigolé interpreta Sonatas and Interludes for Prepared Piano de John Cage mentre el públic és convidat a recórrer, tocar i intervenir les peces. L’obra deixa així de ser un objecte tancat per convertir-se en un procés compartit.

Més que parlar de cadires, aquest projecte parla de tot allò que queda inscrit als cossos i als objectes després del pas del temps.

Parla de les ferides que no desapareixen, de les reparacions que es fan visibles; i de de la possibilitat de transformar la vulnerabilitat en un espai de trobada i de cura.

A continuació podeu veure el vídeo de presentació del projecte, on s’expliquen el procés de recerca, els referents conceptuals, la metodologia i la materialització final de la instal·lació.

 

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ES LO KE HAY: Graffiti, espacio público y comunidad

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ES LO KE HAY: Graffiti, espacio público y comunidad

¿Qué ocurre cuando una práctica cultural asociada históricamente a las grandes ciudades y a los entornos urbanos se traslada a un contexto…
¿Qué ocurre cuando una práctica cultural asociada históricamente a las grandes ciudades y a los entornos urbanos se traslada…

¿Qué ocurre cuando una práctica cultural asociada históricamente a las grandes ciudades y a los entornos urbanos se traslada a un contexto rural? ¿Cómo perciben el graffiti las personas que viven en un pequeño pueblo? ¿Es posible generar diálogo alrededor de una práctica que suele despertar opiniones tan diversas y polarizadas?

ES LO KE HAY: Graffiti, espacio público y comunidad es un proyecto de investigación artística que toma el graffiti como punto de partida para reflexionar sobre el espacio público, la convivencia y las distintas formas en que las personas se relacionan con su entorno. Entendido no solo como una práctica visual, sino también como un fenómeno social, cultural y político, el proyecto explora diferentes maneras de aproximarse al graffiti a través de la práctica artística, la documentación audiovisual y la recopilación de testimonios.

Desarrollado en un pequeño pueblo de la provincia de Huesca, el proyecto surge del interés por una estética inspirada en el graffiti y el arte urbano que ya estaba presente en mi práctica artística mediante ilustraciones, diseños digitales y estampaciones textiles. Sin embargo, el proceso acabó ampliando el foco inicial y abrió nuevas reflexiones sobre comunidad, identidad, espacio público y convivencia.

El principal resultado del proyecto es la creación de un documental inspirado en el making-of y en determinadas formas del cine de autor, que reúne tanto las acciones realizadas como las reflexiones, dudas y contradicciones surgidas a lo largo del proceso. La pieza recoge y articula las diferentes experiencias, perspectivas y aprendizajes generados durante la investigación.

Paralelamente, se desarrolló una memoria escrita que complementa el documental y profundiza en algunas de las cuestiones abordadas. Ambos trabajos comparten una misma identidad visual y estética, concebida para reforzar la coherencia del proyecto en su conjunto.

Durante años había escuchado discursos que reducían el graffiti a una cuestión de vandalismo o suciedad visual. Sin embargo, cuanto más investigaba, más evidente me parecía que detrás de esta práctica existían cuestiones mucho más complejas relacionadas con la identidad, la visibilidad, la ocupación del espacio público y la necesidad de expresión.

A medida que avanzaba el proyecto, algunas de estas cuestiones comenzaron a conectar también con inquietudes personales relacionadas con la forma en que habitamos nuestros entornos y construimos comunidad. En un contexto donde gran parte de nuestras vidas parece estar organizada alrededor del trabajo y de la productividad, prácticas como el graffiti me llevaron a reflexionar sobre la necesidad de encontrar espacios para la creatividad, la participación y la expresión colectiva.

En este sentido, el graffiti comenzó a aparecer ante mí como algo más que una práctica artística. En determinados contextos, empecé a interpretarlo también como una posible forma de resistencia simbólica: una manera de dejar huella, de ocupar espacio y de expresar inquietudes que a menudo encuentran pocas vías de visibilidad dentro de los canales convencionales.

No se trata de afirmar que todo graffiti sea necesariamente una protesta o una reivindicación política explícita. Las motivaciones que impulsan estas prácticas son múltiples y diversas. Sin embargo, resulta difícil ignorar que existe una dimensión profundamente humana en el acto de intervenir sobre el entorno. Pintar, escribir o dejar una marca implica establecer una relación activa con el espacio y rechazar, aunque sea momentáneamente, una posición puramente pasiva frente a él.

¿Quién decide qué imágenes pueden ocupar el espacio público? ¿Qué tipos de mensajes consideramos aceptables y cuáles rechazamos? ¿Qué diferencia existe entre una intervención artística, una pintada, una campaña publicitaria o un mensaje institucional?

Por todo ello, ES LO KE HAY: Graffiti, espacio público y comunidad nace como una investigación artística, pero también como una búsqueda personal para comprender de qué manera nos relacionamos con los espacios que habitamos, cómo construimos comunidad y por qué seguimos necesitando formas de expresión capaces de hacernos visibles y participar activamente en nuestro entorno.

 

 

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